viernes, 22 de abril de 2011

Temis: La Historia de una Diosa



Cuenta la leyenda que Temis es una hermosa joven que vive en el Olimpo; Hija de Gea y Urano, hermana de Crono y esposa de Zeus. Esta insigne dama tiene la tarea más noble y más complicada que intelecto alguno pueda concebir: es la encargada de impartir justicia.

Para Temis todo transcurre muy normal, sabe que le ha sido encomendada esta tarea y la acepta con toda la humildad que la inviste. Los elementos indispensables en su trabajo son: la venda -con la que se asegura no ver a ninguna de las partes que vienen delante de ella a clamar justicia-, la balanza –con la que pesa los argumentos, pretensiones y verdades en conflicto- y la espada –para aplicar la fuerza al tenor de lo que ella decida-.

Con el paso de los años y dadas las condiciones que la rodean, (problemas en su entorno, amenazas, promesas de riquezas abundantes) Temis ha perdido interés en el trabajo que desempeña y en varias ocasiones ha querido abandonarlo.

-¿Quién más podría acercarse a tus ideales? ¿Acaso existe un ser tan único como tú? –replicaban los más ancianos ante los reparos de Temis. Fruto de estas desilusiones, con frecuencia Temis olvida su espada, no utiliza su preciada balanza o peor aún, se destapa los ojos para inclinarse por alguno de sus requirentes.

Los sabios se han reunido a deliberar y tratar de tomar una decisión respecto de la actitud de Temis y una posible solución a su comportamiento reprochable. Expulsémosla del Olimpo –se escuchaba a algunos- Se merece la Hoguera –replicaban otros- Nombremos una sustituta –sugerían otros más conservadores-

En medio del calor de las discusiones, se levanta el más viejo de todos y con una voz suave, calmada pero firme, apunto: ¿Acaso no os dais cuenta que Temis está buscando pretextos para no continuar con su misión? ¿Acaso no sabéis que nadie puede sustituirla y que sin ella no somos nada? Si se retira la venda, pongámosle la de la razón, si se le olvida la espada, proporcionémosle la de la templanza y si deja de usar la balanza, suministrémosle la de la equidad.

El único camino para vuestra supervivencia es el de la Justicia.

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